Cuerpo y danza: Archivos sensibles del poder colonial.

Autora. Martha Ospina.

Imagen 1. Gonzales, A. (2021) Danzas durante el Inti Raymi, Cuzco.
https://www.tierra-inca.com/album/photos/


Martha Opsina a través de su artículo nos permite replantearnos el concepto de raza y de cómo este ha repercutido en el "yo psicológico" convirtiéndose en un dominio sobre la mente y el cuerpo colonizado. También nos permite indagar sobre el cuerpo como "Archivo de la Colonia". Aquel archivo que guarda vivencias posee una propia memoria y que se va configurando en relación con lo que lo rodea, dando como resultado una experiencia vital que se va afectando por otros cuerpos, quienes aportan a rehacer o reconfigurar nuevas y propias historias. 

 “El cuerpo, como esquema corporal, es punto central del análisis de la constitución del racismo en la Colonia. Este no se impone, es más bien una estructuración definitiva del yo y del mundo, pues establece entre el cuerpo y el mundo una dialéctica efectiva, en la que se introduce debajo del esquema corporal un esquema histórico racial” (Ospina, 2014, p. 95). El racismo colonial se construyó a partir de las categorías mentales que portaban los conquistadores, forjadas en los conflictos que enfrentaron a los europeos contra la cosmovisión de los conquistados. Este hecho dejaría profundas huellas en la construcción del orden colonial. Enfrentados a una nueva realidad, los conquistadores terminaron construyendo nuevas formas de marginación y exclusión, ligados a la explotación colonial. Esta marginación económico social generalizada contribuyó a reforzar el estereotipo de la “inferioridad natural” del indio y del negro.

Imagen 2. h5p.org (2021) Conquista Española.
https://h5p.org/h5p/embed/408377  

 Un elemento que ha causado trasgresiones en el cuerpo y la mente del esclavo ha sido la religión. “La imposición religiosa no se dio solo como discurso; sus prácticas acompañaron la disposición social de los colonizados mediante la instigación sobre su propio cuerpo y los imaginarios que acompañaban su cosmogonía y sus prácticas ético-estéticas” (Ospina, 2014, p. 96). Provocando que el “yo psicológico” del colonizado sea estructurado sobre la culpa, el pecado y la enajenación de sus anteriores creencias y sentidos. Dominarse, reprimir el cuerpo y todos sus productos, culpabilizar y culpabilizarse ante la presencia inminente del deseo. Castigar de forma física y violenta por adorar a deidades o por mantener su cosmovisión. Tomando esto como acciones inapropiadas ante la mirada de la iglesia. Subyugando sus mentes a sentir miedo sobre el mundo espiritual y las diversas condenas llenas de sufrimiento y dolor, obligadas a pagar en universo llamado inferno. Todos estos actos fueron sumergidos estos cuerpos adoctrinados, violentados con una única finalidad de someterlos ante una verdad impuesta. Conduciéndolos a olvidar su identidad tratándolos como inferiores, salvajes. De este modo los colonizadores dejaron heridas no solo en el desarrollo de nuestro contexto, si no también heridas en la memoria sensible de todos los cuerpxs que hoy habitamos nuestro territorio.

Los cuerpxs marginados son un reservorio histórico que ha marcado una memoria sensible, que no evidencia una estructura fija, sino que más bien está sujeto a constantes cambios en el tiempo y en sus movilizaciones espaciales. Aliado a disposiciones permeables, haciendo un llamado a renovarse, a mantener lo que es propio de sí mismo y dirigirlo a su libertad. Rompiendo yugos que los han hecho creer que son inferiores a otros, resistiéndose a no desaparecer.


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